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La Coctelera

Los Ditirambos de Sileno

... para no acallar por más tiempo las traiciones del pactado silencio

20 Mayo 2009

El Escudo de la aciaga Fortuna.

Fíjate en ese hombre desconcertado por la traviesa impostura del momento. Solo ve hombres contra hombres y niños fugados de la misma inocencia. No tenía ninguna esperanza en el Porvenir. Y pensando como cualquier anciano que confundía su final con el del Mundo, le daba poco más crédito que a su propia existencia.

Rondando la cincuentena, sensiblemente preocupado por el futuro de los suyos, intuía en cada acción un peligro y le mataba la sola idea de que a cualquiera de sus más cercanos les sucediera una tragedia.

No poseía mucha fe en ninguna creencia y solo, aturdido por la falta de descanso, propuso un pacto con la diosa Fortuna: Yo pondré mi vida en lugar de los míos. Y así fue como por fin descansó gratamente durante los siguientes días.

Pero luego, en su trabajo, encargado-jefe de una obra, volvió a asaltarle la idea de cómo sus trabajadores más jóvenes se la jugaban continuamente dentro y fuera de la obra. Muchachos en la flor de la vida que aún no habían probado los más dulces placeres de este Mundo. Y así, ampliando su escudo, se propuso por ellos sin más dilaciones, como un deber ineludible.

Después de aquello notó como su propia suerte se iba desvaneciendo en pequeñas cosas: el coche se estropeaba más a menudo de lo normal, varias veces se quedó sin móvil y hasta las llaves de su casa fueron tormento de continuas pérdidas.

Esto él lo tomó como una revelación de que existía una conexión entre el pacto establecido y la conservación de todos aquellos a los cuales protegía con su vida. Pero en vez de hallar el final a su osadía inició un sortilegio de mayor envergadura.

Se pasaba el tiempo viendo las noticias, sobretodo las más truculentas, esperando a salvar a los máximos posibles. Pero la frustración se volvió en su contra al comprobar que le era imposible concebir un día donde no se anunciara una nueva víctima.

La enfermedad se apoderó de él en un estado de gravedad severa. Los médicos no reconocían la certeza de su dolencia. Pero él cada día estaba más fatigado, tenso y dolorido en cualquier parte de su cuerpo.

Así, consciente de su final, renovó el pacto con la Fortuna y propuso que con su fin sellara la larga vida de todos, incluso de aquellos a los cuales desconocía.

Momentos antes de dar el último suspiro, su esposa, ahogada en sus propias lágrimas, le dijo: "No te vayas... ¿cómo viviremos nosotros sin ti?".

Aquello no lo tenía previsto y llorando amargamente le musitó:

  • Piensa siempre cuando temas por alguno de tus hijos que el sacrificio ya fue cumplido por su padre... Y que, incluso el Mundo varió su destino por su muerte, dándoles ese paraíso que nunca nadie supo ver.

servido por sileno 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

giverny

giverny dijo

¡Que buen realto! muy bueno Sileno. Espero que todo ande bien y pronto te dejes ver por tu espacio.
Besis

14 Junio 2009 | 10:25

Sileno

Sileno dijo

Últimamente me están acorralando los acontecimientos, axfisiando mi dolido aliento... Pero espero recobrar las fuerzas... Un saludo, Gyberny!

15 Junio 2009 | 02:24

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